miércoles, 27 de mayo de 2009

Al revés y al revés

Esto de ocuparme de mamá (que es pero no es, porque ahora ha pasado a ser una especie de hija) viviendo en un país al revés es más enredado de lo que cualquiera se pudiera imaginar.
Mamá tiene su "cabeza" muy bien, salvo pequeños olvidos de vez en cuando; lo que no le sirve para nada, o para casi nada, es todo lo que va del cuello para abajo: necesita que la sienten. la acuesten, la paren, la lleven, la traigan... necesita que la muevan, porque ella lo hace, pero tan lento como pereza y con más dificultad que caballo corriendo en piso pulido. Mamá siempre fué lenta, ahora lo es infinitamente más; le digo que si hubiera utilizado su físico tanto como su cerebro -¡porque vaya que ocupó su inteligencia!- no estaría en esas condiciones; ella aprueba mi opinión. Mamá es pequeña y debe pesar mínimo 55 kilos, quizá 58; bromeo con ella y comparo el esfuerzo que hago con lo que sería arrastrrar sacos de cemento que pesaran lo mismo sobre una lona de un lado a otro, un montón de veces al día, durante meses y años... parece poco, pero hay que ver, o hacerlo, para darse cuenta de lo que significa... casi como le tocó a Sísifo, pero cuesta arriba, empujando su enorme piedra hasta el tope de la montaña, pero en el caso de mamá no creo que pueda hablarse de castigo, sino de necesidad humana.
Todos dicen a quienes la ayudamos: "Ustedes tienen el cielo ganado"; yo, humildemente, desearía tener a alguien que también me ayude si un día estuviera tan necesitada como mamá.
Mamá, profesional, inteligente, creativa, de un día para otro, al ver su querido país cayéndose a pedazos, se deprimió, se encerró en sí misma, no quiso hablar más, hacer más... nunca le perdonaré eso a quienes se creen dueños del país al revés.

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