viernes, 13 de febrero de 2009

Historias mías y de otros

Son historias mías y de otros donde el abuso es el protagonista, contadas en primera persona del singular...

***Era yo paciente antigua de cierto odontólogo; estaba completamente harta de ser testigo cada vez que debía asistir a la consulta de cómo la nueva secretaria dejaba pasar a personas que iban entrando a la sala, mientras otras, que llevábamos largo rato esperando turno (el cual siempre había sido por orden de llegada) quedábamos permanentemente relegadas. El nuevo sistema, inventado por la dama (si es que así se le podía llamar), fué todo un misterio hasta que decidí observar con detenimiento lo que sucedía. Ella estaba obligada a anotar en una libreta los nombres de los pacientes que acudían a las citas cada día, a medida de que iban llegando; luego, estos tomaban asiento hasta el momento de ser llamados, solo que la muy, muy, muy......sinverguenza dejaba varias líneas en blanco, donde registraba a sus "clientas": unas señoras o señoritas tan vivas como ella que solo tenían que molestarse en telefonearle y ¡LISTO!...quedaban por encima de todos ¿PARA QUÉ MOLESTARSE EN CALENTAR ASIENTO MAS DE LO NECESARIO?
Luego de ser denunciada, el doctor se enteró de que su encantadora secretaria recibía comisiones de las "clientas" por el favorcito recibido...¿A donde fué a parar la chica?......Quedó desempleada.

Un 22 de diciembre acompañé a mamá al banco para renovar su libreta. Todo aquél que necesitara realizar un trámite de oficina debía pasar por el primer cubículo y anotarse en el sistema, luego recibía un número; delante de nosotras había tres personas, detrás se agregaron otras; en total, seríamos unas 15, a las que se sumaron muchas más, posteriormente. Esperamos, esperamos y esperamos; mientras, observamos que desde la calle iban entrando hombres, muy apurados ellos, y se metían en el tercer cubículo, donde eran recibidos por la señora que se suponía debía atender a los que aguardábamos número en mano. Transcurridas casi dos horas -sin deseos de posponer lo que mamá debía hacer, en vista de la fecha-, en presencia de uno de los señores, a quien ví pasar discretamente unos billetes doblados por debajo de una carpeta que estaba en el escritorio, los cuales la mujer tomó, decidí asomarme y preguntar a ella qué era lo que pasaba; la muy, muy, muy.............. me dijo que todos ellos estaban registrados antes que nosotros; le expliqué que no era posible porque el número uno lo tenía una señora que aún no había sido atendida y los apuradísimos, que venían directo de la calle, en ningún momento hicieron cola en el primer cubículo; la mujer insistió en lo mismo. A esas alturas, animados por mi actitud, todos se acercaron y empezó la protesta general.

Ese día, mientras estuvimos allí, no hubo más visitas inesperadas de caballeros apurados. Días después, notamos que los clientes que iban al cubículo número 3 eran atendidos por otra persona; a la señora muy, muy, muy......... no la vimos más.





lunes, 2 de febrero de 2009

Día Nacional de los flojos

Para los días 2, 3 y 4 de Febrero tenía planificadas tres actividades, organizadas por orden de prioridad: el 2, una cita médica personal pautada mes y medio atrás; el 3, una diligencia que incluía llevar a mamá en compañía de mi suplente; el 4, una visita indispensable e impostergable.
Para cumplir con la actividad del día 2, con una semana de anterioridad acordé con mi suplente que por la mañana se ocupara de mamá hasta mi regreso. Salí tempranito, bien abrigada, sin desayunar. Llegué a mi destino y ¡OH SORPRESA!, doctores, enfermeras y pacientes, aturdidos, asombrados, estupefactos, se enteraban de que ese día no había trabajo. Regresé a casa y mi suplente me dió la explicación: el amo tiene un antojito, todos estamos obligados a no trabajar hoy, queramos o no.
Solo me quedaba acomodar mi agenda: el 3 haría lo que no pude hacer el 2, porque ir con mamá el 3 crearía problemas, ya que quienes no pudieron asistir el 2, lo harían el 3 y el sitio estaría abarrotado; lo que iba a hacer el 4 lo haría el 3 en la tarde, aunque eso significara perder un día entero de trabajo, bueno dos días (el del antojito y el 3); a mamá le tocó cumplir la diligencia el 4................. El "Día
Nacional de los flojos" me costó una semana complicada y dos jornadas de trabajo menos.

Una mezcla explosiva

No sé si ser "blanqui-rubia" con facciones afro-indi-blancas es favorable cuando se vive en un país al revés; si no lo es, la mayoría de los que vivimos en él estamos mal. Mi ascendencia española-israelita-india-africana, al parecer, es nefasta, y los miembros de mi familia grande, que incluye portugueses, italianos, españoles, alemanes, franceses y japoneses, están en la misma situación.

¡¡¡¡Vaya enorme problema el que representa ser el resultado de una mezcla de razas cuando se ha nacido y se habita en un país al revés!!!!