Para los días 2, 3 y 4 de Febrero tenía planificadas tres actividades, organizadas por orden de prioridad: el 2, una cita médica personal pautada mes y medio atrás; el 3, una diligencia que incluía llevar a mamá en compañía de mi suplente; el 4, una visita indispensable e impostergable.
Para cumplir con la actividad del día 2, con una semana de anterioridad acordé con mi suplente que por la mañana se ocupara de mamá hasta mi regreso. Salí tempranito, bien abrigada, sin desayunar. Llegué a mi destino y ¡OH SORPRESA!, doctores, enfermeras y pacientes, aturdidos, asombrados, estupefactos, se enteraban de que ese día no había trabajo. Regresé a casa y mi suplente me dió la explicación: el amo tiene un antojito, todos estamos obligados a no trabajar hoy, queramos o no.
Solo me quedaba acomodar mi agenda: el 3 haría lo que no pude hacer el 2, porque ir con mamá el 3 crearía problemas, ya que quienes no pudieron asistir el 2, lo harían el 3 y el sitio estaría abarrotado; lo que iba a hacer el 4 lo haría el 3 en la tarde, aunque eso significara perder un día entero de trabajo, bueno dos días (el del antojito y el 3); a mamá le tocó cumplir la diligencia el 4................. El "Día Nacional de los flojos" me costó una semana complicada y dos jornadas de trabajo menos.
lunes, 2 de febrero de 2009
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