sábado, 24 de enero de 2009

Letanía diaria


"Trágate la pastilla"... "Trágate la pastilla"... "¡Trágate la pastilla!"... "trágate la pastilla"... "TRÁGATE LA PASTILLA"... ¡TRÁGATE LA PASTILLA!... ¡¡¡¡TRÁGATE LA PASTILLA!!!..................................
Después del episodio de hoy, quise saber cuántas veces he repetido lo mismo cada mediodía desde que mamá cayó por las escaleras, hace poco más de dos años; tendré que multiplicar 350 por dos y restar al resultado los domingos, días de "Semana Santa", "Carnaval", temporada Navideña y uno que otro día feriado en que le ha correspondido a mi sustituto decir, decir y decir hasta el agotamiento las tres desesperantes palabras hasta que mamá se digne hacer lo que ellas sinifican. Multipliqué, sumé, resté, sumé, multipliqué y no tuve paciencia para seguir sacando cuentas (prefiero reservarla para la próxima semana, cuando tome mi turno nuevamente), pero calculo que deben ser unas 700 veces multiplicadas por tres, es decir, 2.100 veces, a su vez multiplicadas por la cantidad de veces que a la doñita de los años dorados se le ocurra querer escucharlas; suena poco... para quien no ha hecho el frustrante ejercicio de tratar de convencer a mamá de que tome pastillas para su beneficio; suena poco por que eso no es todo, es mucho más, porque mamá regularmente toma pastillas tres veces al día, cuando está bién, pero como ha estado mal un incontable número de oportunidades y ha debido seguir tratamientos médicos rigurosos, las tres palabritas también se hacen incontables.

¿Que por qué no disolvemos las pastillas?... pues mamá no toma, se acostumbró a chupar pequeñas sorbos de líquido medicamentoso o no, y entre insistir en que beba y lograr que llegue al fondo del vaso, el asunto se convierte en una eternidad, aparte de que mientras menos contenido le queda al vaso, más pequeño es el sorbito que chupa; al usar este método, las palabras acostumbradas son "Tómalo todo"... al menos son dos palabritas.

"¡TRÁGATE LA PASTILLA!"

viernes, 9 de enero de 2009

Tan cerca y tan lejos... y viceversa

Mamá tiene tres hijos (incluídos los dos sexos), pero como si tuviera dos; una está más cerca que las amigas portuguesas de mamá que se mudaron hace muchos años a Portugal, y que la llaman cada Navidad, Año Nuevo y ocasiones especiales para desearle lo mejor, pero esa "una" pareciera estar más, mucho, muchísimo más lejos que las amables y estimadas señoras que viven al otro lado del charco, aunque la hija de mamá habite a unas dos horas en automóvil (yo diría, en criollo, "limosina") de la casa de su bastante anciana progenitora.